12.03.2006

Pistolas y temores

Algunos periódicos nacionales han destacado en estos días dos temas que dan que pensar: el aumento en la compra de armas y el crecimiento del negocio de la seguridad personal, a través de empresas que ofrecen guardaespaldas, para que los hijos vayan a carretear o las mujeres se sientan más protegidas.

Al leer los mencionados artículos me dio la impresión de estar en un país de bandoleros, donde las personas no pueden circular por las calles ni tampoco permanecer tranquilas en sus casas, si no tienen pistolas para recibir con balas a cualquier visitante inoportuno.

El miedo a los posibles asaltos o ladrones parece ser la consecuencia de una larga campaña del terror realizada por ciertos medios de comunicación que dedican gran parte de sus noticieros a la prensa roja.

Si bien existen casos de delincuencia, algunos bastante audaces, no son el pan de cada día de la mayoría de las personas. Basta pensar cuántas personas de las que usted conoce han sufrido una experiencia de ese tipo.

Mostrar, caso a caso, los hechos de sangre publicando hasta sus más crueles detalles es una forma fácil de atraer el morbo y asustar a quienes no tienen una capacidad crítica. También una manera de captar audiencia o lectores, que disfrutan de la tristeza que produce el mal ocurrido a los otros.

Sin embargo, sembrar el miedo para crear la incertidumbre puede tener respuestas más graves que el problema inicial. Cada uno de los que cree estar en un mundo lleno de peligrosos malhechores, reacciona en forma diferente frente a esta realidad y no comprueba si esa situación es cierta. “Ya no se puede andar en micro-me comentaba una amiga- Dicen que andan, de a cinco, robando carteras”. Por eso ella nunca se moviliza en locomoción colectiva y no puede darse cuenta de que eso no es cierto. Yo lo compruebo diariamente, cuando ocupo estos servicios y puedo asegurarlo.

El miedo trae consigo no sólo el alza de las ventas de los medios informativos. Crea también un ambiente de inseguridad que hace que las personas busquen su propia defensa, comprando armas que no saben manejar y que lo más probable es que sirvan más a los asaltantes si las encuentran, que a ellos para defenderse.

Contar con guardaespaldas para que los jóvenes puedan ir a “carretear” hasta altas horas de la madrugada parece un poco exagerado. Mejor sería, sin duda, que los padres hicieran entender a sus hijos el peligro que significa andar en lugares donde se comercializa droga y se mueven muchos delincuentes para que eviten ese tipo de diversión.

La seguridad no existe en ningún lugar del mundo. Ésta es vulnerada hasta en sus más fuertes expresiones. Hemos visto cómo se puede matar a un Presidente de Estados Unidos, pese al aparataje de protección que tiene y, también, atentar contra el Papa.

Antes de invertir en armas o en guardaespaldas personales sería bueno preguntarse cuántos casos concretos de asaltos y robos conocemos y cuántas veces la tenencia de armas en las casas han hecho daño a los mismos propietarios por accidentes o mal uso. Podemos llevarnos una sorpresa.

También verifiquemos, reloj en mano, cuánto tiempo dedica la televisión a narrar casos policiales y recordemos la programación de antes. Es bueno tomar conciencia que es mayor la publicidad de los hechos policiales de hoy, que su aumento real.

Si bien conviene ser prudente en el actuar también lo es vivir tranquilo, sin aplicar la justicia por nuestras propias manos. Eso sería volver a los tiempos primitivos del “Ojo por ojo. diente por diente” , en que cualquiera mataba por venganza o por placer. En ese caso sin duda el remedio es peor que la enfermedad.